Relacion de la contaduría publica con la cultura

 

Normas y Regulaciones: La contaduría pública está influenciada por las normas y regulaciones contables que varían de un país a otro. Estas normas reflejan las prácticas culturales y los valores de la sociedad en la que se aplican.

Ética y Valores: La práctica contable está guiada por principios éticos que se pueden ver afectados por la cultura. Las expectativas sobre transparencia, honestidad y responsabilidad en la contabilidad pueden diferir según la cultura.

Prácticas Empresariales: La forma en que las empresas llevan a cabo sus operaciones contables puede variar según las prácticas culturales y empresariales de una región. Por ejemplo, la manera en que se manejan los informes financieros o la auditoría puede estar influenciada por las normas culturales.

Educación y Capacitación: La formación en contaduría pública también está moldeada por la cultura local. Los currículos educativos y las prácticas profesionales pueden reflejar las prioridades culturales y económicas de una sociedad.

Percepción Social: La forma en que se percibe la contaduría pública puede variar culturalmente. En algunas culturas, los contadores son vistos como figuras de confianza y respeto, mientras que en otras, pueden enfrentar más escepticismo o desconfianza.

Las transformaciones sociohistóricas, culturales, políticas, económicas y biosféricas de la vida en el planeta son cada vez más complejas e inciertas. Los mercados y las manifestaciones humanas son constantemente dinamizados e influenciados por la concentración y transfronterización de capitales forjando nuevas interpretaciones y articulaciones de las relaciones entre las organizaciones, el Estado, la sociedad y el ambiente. Esto reta a los saberes a comprender el pluriverso de posibilidades de organización de las industrias, las actividades socioculturales y la creatividad de las mismas, que cada vez son menos rígidas y más líquidas (Bauman, 2013).

En ese contexto emerge la economía de la cultura como un constructo que comprende las relaciones económicas de las actividades, bienes y servicios culturales, lo cual desafía a un plexo importante de profesionales, organizaciones y disciplinas para lograr que lo cultural no se erija como un medio adicional de crematística atomizado en la industrialización. Los desarrollos, mutaciones e innovaciones en la producción y comercialización de bienes culturales y en la prestación de servicios asociados a la cultura han generado sectores emergentes, creativos y/o innovadores que actúan por medio de nuevas formas e instrumentos de intercambio, financiación y acumulación de capital, transformando las estructuras económicas, institucionales y socio-organizacionales que tradicionalmente ha representado la contabilidad.

La contabilidad es una ciencia que ofrece a los hombres múltiples soluciones con respecto a diferentes dimensiones: legal, comercial, social, ambiental, entre otras. Ahora bien, ¿es posible que esta pueda emitir respuestas a la faceta espiritual del hombre? Como se conoce ahora, no es un accidente y mucho menos un proceso estático o de un solo color, por el contrario, esta ciencia es el producto de diferentes dinámicas sociales generadas particularmente desde las decisiones y modos de vivir de las personas en cuanto a su economía y filosofía. Y es que sería de pésimo gusto no imbricar en la esencia de la ciencia contable el componente filosófico, al igual que los números y su abstralidad, ¿y al final quién rayos decide el color o tonalidad que usa la contabilidad para ir al de coctel verano? La contabilidad no es un sistema de información que genera pesquisas de forma peyorativa o sin sentido, todo lo contrario, la contabilidad emite información con un interés específico de acuerdo con el tipo de usuario y según el mensaje que se quiere emitir, la contabilidad lo crean o no.

Shorthose (2004, p. 150) indicó que la contabilidad tenía dificultades para representar la economía de la cultura debido a su estructura: trabajadores independientes, microempresas, grupos informales, empleados temporales y gran contenido intangible; su perspectiva mencionaba la necesidad de un estudio etnográfico previo a la representación contable. En el espectro organizacional, Pratt & Jeffcutt (2011), relacionan las características de las industrias culturales, así:

  • Una estructura industrial mejor caracterizada como ecosistema.

  • Redes superpuestas, mediadas por intermediarios y facilitadas por el movimiento de trabajadores independientes y la interacción informal.

  • Falta relativa de empresas medianas.

  • Preponderancia de compañías basadas en proyectos de corta duración con trabajadores independientes.

  • Incertidumbre masiva del mercado, junto con un riesgo muy alto de fracaso.

  • Rotación muy rápida de la innovación, la moda y el ciclo del producto.

  • Un sistema ‘ganador se lleva todo’: diferencias masivas entre lo que significa ganar y perder.

  • Tensión entre regulación de contenidos y regulación de la competencia.


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